Mapas Cerebrales 3D gracias a la Tractografía | Neuroimagen

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Tractografía Lateral (“File: Tractography animated lateral view.gif – Wikimedia Commons”, 2015).

En el siguiente monográfico se abordará la técnica Tractográfica como método de diagnóstico e investigación en neurociencia. Esta técnica representa una de las más novedosas formas de mapear el cerebro obteniendo imágenes en 3D de alta resoluación.

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¿Golpear el balón con la cabeza daña el cerebro?

¿Golpear el balón con la cabeza daña el cerebro? - PsicoWisdom

Un reciente estudio advierte de los posibles efectos dañinos que puede ocasionar golpear el balón con la cabeza. Tanto en  jugadores amateur, como en profesionales.

El estudio fue publicado en la revista en línea Radiology, dirigido por el neurorradiólogo Michael Lipton, de la Escuela de Medicina Albert Einstein.

Para ello, mediante el uso de neuroimágenes (como la resonancia magnética) se analizaron los cerebros de 37 jugadores de balompié aficionados y de edades comprendidas entre los 21 y los 44 años de edad (con una media de 30,8 años). Además, se preguntó a cada uno de ellos cuales creían que era la frecuencia con la que jugaban “de cabeza”.

Asimismo, también se realizaron pruebas cognitivas de memoria y velocidad de reacción motriz (por ejemplo, pulsar un botón después de ver una luz), a los participantes.

¿Qué resultados se obtuvieron?

Los datos recogidos mostraban que los jugadores que afirmaban realizar un mayor número de jugadas con la cabeza, presentaban alteraciones microestructurales en la materia blanca del cerebro, parecidas a las que aparecen después de una lesión por TCE (Traumatismo Craneoencefálico)

Concretamente, en cuanto a los resultados obtenidos en las pruebas cognitivas, se observó que los participantes que presentaban alrededor de 1800 jugadas de cabeza obtenían peores resultados en general. Desgraciadamente, los resultados fueron inferiores en ambas tareas, tanto en velocidad motriz como en la tarea de memoria. De hecho, el análisis mostró que a partir de entre 1000 o 1500 jugadas a lo largo de un año, los efectos negativos ya pueden considerarse importantes.

 

¿Entonces, cuán peligroso es darle con la cabeza?

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A pesar de los resultados, los investigadores resaltan por un lado, que aunque los daños resultan científicamente evidentes, sus repercusiones a gran escala o en la vida cotidiana no son importantes ni apreciables. De hecho, los jugadores profesionales no muestran deterioros en el desarrollo de su día a día por esta causa.

No obstante, los mismos investigadores remarcan que solo en Estados Unidos 18 millones de personas juegan fútbol, siendo el  78 por ciento menores de dieciocho años. Lo cual, incita cuanto menos, a continuar con las investigaciones en este campo, para recabar más información.

Por supuesto, la FIFA ha desmentido desde el principio, que esta práctica implique algún peligro. Aquí se puede consultar una noticia en el periódico ABC, para leer acerca de la posición de dicha federación en este tema, en el que prefiero por supuesto, no opinar.

Como finalmente Michael Lipton comentó refiriéndose a los golpes de cabeza a la pelota:

 “no es un impacto de tal magnitud que dañe a las fibras nerviosas del cerebro” aunque

 “el impacto repetitivo puede desencadenar una serie de respuestas en cadena que pueden llevar a la degeneración de las células del cerebro”

 

La física del fútbol

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Eleftherios Kellis, compiló las velocidades de patadas tomadas en 27 estudios de investigación. Obteniendo:

Los jugadores profesionales envían el balón a 108 kilómetros por hora y con 544 kilogramos de fuerza, un adulto promedio envía el balón a 90 kilómetros por hora, con una patada de 453 kilogramos de fuerza, mientras que los jóvenes de promedio solo alcanzan una velocidad de 54 kilómetros hora, lo que indican 272 kilogramos de fuerza.

Para saber más sobre este último apartado, es recomendable leer el artículo: “Biomechanical Characteristics and Determinants of Instep Soccer Kick“ de Eleftherios Kellis, de la Universidad Aristotle en Grecia. Y en general, los estudios realizados por el mismo autor, centrados en la investigación de los componentes físicos y fisiológicos en el deporte. Una lista de los artículos publicados puede encontrarse en este enlace.

 

Notas del Autor:

“Este artículo participa en la XXX Edición del Carnaval de Biología que acoge Activa tu Neurona

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo? No dudes en ponerte en contacto conmigo. @DanielTejedor [Twitter];DanielTejedorPardo [WordPress]

Explicando las Experiencias extracorporales

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El término experiencia extracorporal u OBE (de sus siglas Out-of-Body Experience en inglés) fue introducido por primera vez por el parapsicólogo, matemático, físico e ingeniero George NM Tyrrell en su obra Apparitions (1943). El uso de este término se difundió por los investigadores como sustituto para otras expresiones como: “viaje del alma”,  “proyección astral” o “desdoblamiento corporal”.

Esta experiencia consiste básicamente, en un tipo de experiencia subjetiva 1, en la cual, el sujeto que la vive siente como que su “alma” o “yo” consciente, se separa del cuerpo mientras flota, pudiendo de este modo percibir el entorno que le envuelve. Normalmente este tipo de experiencias suelen ir ligadas con una experiencia de autoscopia, es decir, la capacidad para ver tu propio cuerpo desde fuera.

Evidentemente, de forma coloquial, muchas personas y especialmente las creyentes en la dualidad alma – cuerpo (en su concepción clásica) explican este fenómeno como si realmente, fuese el alma la que sale del cuerpo para vagar, argumentando que no estaban soñando (lo cual puede ser cierto, ya que dicha experiencia, no tiene por qué darse mientras uno duerme, aunque es común durante los sueños lúcidos). Otra argumentación que alegan para defender su creencia, es la realidad con la que vivieron el hecho. Aquí es donde se demuestra, una vez más, la capacidad que tiene nuestro cerebro, para crear nuestra propia realidad, una realidad que vamos a tratar en este artículo.

Es importante mencionar, que a pesar de que los OBEs, parezcan sucesos sacados de una película de cine, son vivencias que experimentan 1 de cada 10 personas a lo largo de su vida, 1 o más veces. Muchas de ellas, nunca lo confesarán por miedo a cómo puedan ser vistas por los demás, pero no por ello, deja de ser un hecho relativamente común.

A pesar de que los neurocientíficos siguen indagando en este fenómeno, que cuenta con muchas dificultades a la hora de ser estudiado debido a la subjetividad del mismo, desde hace apenas 5 o 6 años los avances han sido constantes y más que considerables.

De este modo, vamos a ver algunas de las características de esta cuanto menos curiosa experiencia, contestando a preguntas como: ¿Se pueden causar a propósito? ¿Qué ocurre en el cerebro cuando se vive una experiencia extracorporal? ¿Qué experimentos se realizan para estudiar el fenómeno?

 

Autoconciencia, sentidos y Experiencias Extracorporales

Para entender el funcionamiento de las experiencias extracorporales, primero hay que saber, que es la autoconciencia. La autoconciencia es el proceso a través del cual, el individuo se percibe y  conoce a sí mismo, dependiendo de una serie de circunstancias internas y externas, de manera, que esta forma de conocimiento influye en su forma de ser, comportarse, en sus creencias, etc. Pues bien, la base de la autoconciencia se fundamenta en mecanismos cerebrales que conectan las señales procedentes de los órganos sensoriales, para construir una representación corporal que tiende a ser global (integra todo nuestro ser) y estable (se mantiene a lo largo del tiempo).

En la Escuela Politécnica Federal de Lausana, desde hace unos años se estudia cómo las señales corporales recibidas desde distintos sistemas sensoriales (visual, auditivo, táctil…) configuran la autoconciencia.

Utilizando métodos neurocientíficos como la electroencefalografía (EEG), las técnicas de realidad virtual o las imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) tanto con sujetos sanos, como con pacientes neurológicos con trastornos del esquema corporal (en los que se pueden dar síntomas como la incapacidad para nombrar y reconocer las partes del cuerpo o la dificultad para realizar movimientos y determinar las distancias entre el cuerpo y el exterior).

Un buen estado de autoconciencia, debe caracterizarse por la presencia de tres factores:

  • Perspectiva del Yo: Las sensaciones que percibimos, las sentimos dentro de nuestro cuerpo.
  • Localización del Yo: El Yo es percibido dentro de nuestro cuerpo como una unidad espacial.
  • Autoidentificación: Sentimos que nuestro cuerpo nos pertenece.

Estos tres factores fallan durante la experimentación extracorporal. Esto se debe a que el sujeto que lo experimenta, se siente “incorpóreo”, viendo su cuerpo desde fuera e identificándose con el estado ilusorio y no con su cuerpo físico.

 

¿Autoconciencia en animales?

Los aspectos más “elevados” de la autoconciencia se manifiestan en los seres vivos que son capaces de reconocerse en un espejo, que poseen memoria autobiográfica (recuerdan acontecimientos de su vida, lugares en los que han estado, así como la carga emocional a la cual van anclada) o que utilizan un lenguaje (no necesariamente hablado, ya que este sería el caso de los humanos) con pronombres en primera persona, como “yo” o “mío”.

 

¿Bajo qué circunstancias podría experimentar un OBE?

Bueno, se puede dar bajo un amplio abanico de situaciones: En un estado de anestesia total, soñando, bajo la influencia de narcóticos, en una situación de miedo extremo, en pacientes con trastornos psiquiátricos o neurológicos, migrañas o bajo ataques de epilepsia, son las circunstancias más comunes.

Como podemos imaginar, las circunstancias expuestas anteriormente son difíciles de controlar y no permiten un fácil estudio de las mismas y sus efectos en este fenómeno. Por lo que, se ha estudiado y descubierto, que mediante técnicas de realidad virtual, se puede simular una experiencia extracorporal.

 

La experimentación y el estudio de las OBEs

En el 2002, una mujer de 43 años padecía graves ataques de epilepsia que no respondían al tratamiento farmacológico. Lukas Heydrich, Olaf Blanke y Bigna Lenggenhager junto con otros colaboradores del Hospital Universitario de Ginebra, buscaron el foco de los ataques, con el fin de extraer la parte del cerebro que los causaba. Para ello, estimularon distintas zonas del cerebro, hallando finalmente que el foco de los ataques se encontraba en el lóbulo temporal anterior derecho. Pero durante estas pruebas, estimularon también el giro angular derecho. El resultado de esta última estimulación, fue que la paciente les comunicó, que tenía la sensación de estar hundiéndose o cayéndose.

Los investigadores decidieron aumentar la intensidad de la estimulación en dicha zona. Cuando lo hicieron, la mujer les dijo:

“Me veo desde arriba, tendida en la cama, pero solo me veo las piernas y la parte inferior del tronco”

 Fue así, como estos investigadores, encontraron el área del cerebro cuya actividad guardaba una relación directa con las experiencias extracorporales.

 

Funciones del giro angular

Distintas áreas del cerebro con sus funciones. En amarillo, la zona del giro aungular derecho que fue estimulada.

Distintas áreas del cerebro con sus funciones. En amarillo, la zona del giro aungular derecho que fue estimulada.

 

El giro angular lo podemos encontrar en ambos hemisferios, formando parte del área de Wernicke, sutuada normalmente en el hemisferio izquierdo (en un 97% de los casos), siendo el principal componente encargado de la comprensión del lenguaje.

Además, de esta conocida función, tiene otras más relacionadas con el tema que nos concierne, como: procesar las señales del sentido del tacto, el equilibrio, la vista o la propiocepción (este último, es el sentido encargado de informar al organismo de la posición de nuestros músculos, además de otras informaciones espaciales).

Asimismo, los resultados en diferentes estudios dados por los autores previamente citados, indican que la estimulación sensorial contradictoria (sea por el motivo que sea) en el giro angular, tiene dos consecuencias directas:

  1. Desaparición de la sensación de unidad en el cerebro. Es decir, dejamos de percibirnos como un todo, pasando a descomponer nuestro yo, en un yo físico y en un yo “astral”.
  2. Al mismo tiempo, se cortan las conexiones entre las representaciones características del OBE y las del entorno espacial inmediato. O dicho de otra forma, durante la experiencia extracorpórea, el sujeto pierde la capacidad de percibir la realidad (objetiva) del espacio en el que se encuentra.

 

El experimento del espejo

El psicólogo George Malcom Stratton (1865 – 1957) fue uno de los pioneros de la psicología experimental, además de discípulo de Wilhelm Wundt, quien creó el primer laboratorio de psicología y permitió a su vez, que la psicología consiguiese el nivel de  ciencia. Pues bien, M. Stratton realizó el siguiente experimento:

Se colocó un espejo sobre la cabeza de tal forma, que podía verse de pie a unos metros delante de sí. Este espejo lo llevó de forma ininterrumpida durante 3 días, intentando no alterar la rutina de su vida cotidiana.

Descubrió, que conforme pasaba el tiempo y cada vez con más intensidad, sentía como si se encontrase fuera de su cuerpo. O lo que es lo mismo, percibía su yo en  la imagen que veía en el espejo.

 

Últimas investigaciones: Imágenes en 3D

A la izquierda el sujeto real. A la derecha, la imagen que ve él, de sí mismo.

A la izquierda el sujeto real. A la derecha, la imagen que ve él, de sí mismo.

Los últimos experimentos llevados a cabo en esta área, se basan en el uso de gafas 3D. Con este método se consigue simular una experiencia extracorporal, con un buen control de variables.

El experimentó típico consiste en colocar al sujeto en una habitación, con unas gafas 3D. Detrás del sujeto se coloca una cámara que le grava de espaldas, enviando a su vez la imagen a las gafas 3D. Así, el sujeto se ve de espaldas en tiempo real.

A continuación, con un palo se toca la espalda del sujeto. Curiosamente, la persona percibe, no sólo que el palo le está tocando la espalda, sino que también siente cómo el palo toca la espalda a su representación virtual, como si dicha representación formase parte de él.

Esta increíble ilusión se desvanecía cuando las imágenes mostradas en las gafas, no estaban sincronizadas temporalmente.

Este experimento reveló, por un lado, que la localización subjetiva del yo en el propio cuerpo (que es generalmente estable) requiere un trabajo constante por parte del cerebro. Por otro lado, fue una evidencia más, de la importancia que tiene el efecto de congruencia multisensorial (crossmodal congruency effect o  CEE), que en este caso es visuo-táctil.

Este efecto explica por qué reaccionamos más rápido ante un estímulo táctil, por ejemplo, un pinchazo con una aguja  en la piel, cuando además al mismo tiempo, vemos cómo nos pinchamos.

 

“La conciencia del futuro no puede constituirse en la negación del pasado.” – Francisco Garzón Céspedes

 

Notas del Autor:

1 Esto implica, que alguien en la misma habitación no será capaz de percibir la experiencia que el otro esté viviendo.

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo? No dudes en ponerte en contacto conmigo. @DanielTejedor [Twitter]; DanielTejedorPardo [WordPress]