La Terapia Electroconvulsiva en el Siglo XXI | ¿Cura o Tortura?

jack-nicholson

La Terapia Electroconvulsiva ha sido un de las grandes críticas hacia la psicología y psiquiatría en cuanto a terapias dañinas para el paciente. De hecho, no cabe duda que en sus inicios lo era, dada la gran cantidad de efectos a corto y largo plazo que ocasionaba.

Mucha gente se sorprende cuando se entera de que en la actualidad la terapia electroconvulsiva se sigue utilizándo para tratar determinados trastornos, posiblemente porque se imaginan que esta no ha evolucionado y sigue siendo aquella técnica que consistía en dar descargas eléctricas sin ningún tipo de anestesia y manteniendo al paciente inmovilizado.

Pero, ¿Cómo se lleva a cabo actualmente esta técnica? ¿Tiene efectos secundarios? ¿En qué casos ha demostrado su efectividad? ¿Cual ha sido su evolución hasta hoy en día?

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¿Por qué nos gusta apretujar a los animales y a los bebes?

Niño abrazando cachorro - PsicoWisdom

Es muy típica la imagen de la abuela apretujando las mejillas de un adorable niño pequeño, o la de un niño abrazando con fuerza un animal cariñoso. Pero, ¿Por qué nos gusta pellizcar las mejillas o abrazar a los animales adorables?  ¿Qué tienen que nos atrae tanto? O lo que es más importante ¿Por qué queremos justamente achucharlos o “apretujarlos”?

Este tipo de conducta que podemos etiquetar de “agresión cariñosa”  ha sido estudiada en profundidad en un reciente estudio, que se ha centrado en describir los motivos a través de los cuales, hacen aparecer en nosotros esa necesidad de achuchar o apretujar tanto a niños pequeños como a animales (cuanto más adorables y simpáticos, mejor).

Incluso, existe en el idioma Filipino una palabra específica para designar ese estado: “gigil” : El deseo irresistible de pellizcar a alguien o a algo porque el objeto es muy querido o adorable.

El estudio encabezado por Rebecca Dyer y Oriana Aragon, de la Universidad de Yale, consistió en:

Primero y antes de nada, los investigadores hicieron que 109 personas valorasen una serie de imágenes en las que aparecían animales de todo tipo, y debían valorar en una escala del 0 al 10, cuán adorables eran. De este modo, dispondrían de un conjunto de imágenes que podrían dividir en dos clases: imágenes adorables y no adorables.

Niño y Gatito - PsicoWisdom

Se eligió a una serie de sujetos y se les dividió en dos grupos. Uno que debía contemplar imágenes de animales con aspecto adorable y otro debía contemplar imágenes de animales de aspecto común. Además, a los sujetos se les daba una cantidad determinada de film alveolar (es decir, el conocido comúnmente como “plástico de burbujas”, que se usa par embalar paquetes)  y se les pedía que explotasen burbujas a su antojo.

El motivo de que se usase film alveolar y no animales reales por ejemplo o bebes, es simple. Si los investigadores necesitan cuantificar una respuesta de forma objetiva, necesitan algo que medir, y contar el número de burbujas explotadas es un método fácil e inteligente. No lo sería por el contrario hacer que los sujetos abrazasen animales reales, por ejemplo.

Los resultados

Fueron  presentados en el congreso anual de la Sociedad de Psicología Individual y Social, que tuvo lugar en Nueva Orleáns. Dichos resultados mostraron que quienes vieron animales adorables aplastaron más burbujas que los voluntarios que observaron mascotas corrientes.

La argumentación de esta conducta fue el siguiente: Responder ante un estímulo (en este caso, un animal adorable) de esta forma, es un mecanismo que lleva a cabo el cerebro para aliviar o dar salida a los fuertes sentimientos de emoción y felicidad.

Oriana Aragon comentó en el periódico digital The Huffington Post (aquí el artículo):

“Está en todas partes, puedes ver ejemplos en Google, la función de autocompletar para la frase de búsqueda “tan lindo que pude… morir, comer, estrujar. Eso es violencia” ¹

Evidentemente, como comentaron los autores del estudio, aunque ellos mismos se referían a esta situación como “agresión cariñosa”, no significa en ningún momento que haya un interés consciente o inconsciente por agredir al animal en sí.

¿Qué hace adorables a los animales?

Pequeño Panda - PsicoWisdom

Se han hecho investigaciones buscando relaciones entre lo adorable que es un animal y los rasgos físicos que este presenta. Y los resultados que se han encontrado muestran que los rasgos “más adorables” son: cabeza grande, rasgos redondos y suaves, mofletes gordos y ojos grandes.

 

Estos son los resultados que obtuvo el investigador Simon Rego, de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York. Y la argumentación del por qué son estos rasgos los “más monos”, es sencilla: Son los que más nos recuerdan a los rasgos de los bebés humanos.

De hecho, el estudio de este fenómeno ha revelado que los bebés panda son los animales más adorables, según la opinión pública general, y desde luego, cumple los “rasgos adorables” de los que hablamos.

¿Tiene algún significado evolutivo?

Apretar mejillas - PsicoWisdom

El motivo de que este tipo de rasgos físicos desencadene una respuesta emocional tan destacable es fundamental para la supervivencia de la especie. Dicha respuesta, hace que los seres humanos sintamos la necesidad de cuidar de nuestras crías y de protegerlas, aunque sean de otros padres. Por consiguiente, una mayor protección de las crías asegura un mayor índice de supervivencia y de este modo, una mayor descendencia.

 

Para finalizar, un ejemplo visual de lo expuesto:

 

 

Notas del Autor:

¹ Esta cita ha sido traducida al español, por lo que se refiere a la función de autocompletar la frase en ingles.

² El primer estudio dirigido por Rebecca Dyer y Oriona Aragon fue presentado con el nombre de: “It’s so cute I want to squish it! How Cuteness leads to verbal expressions of aggression

 

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo? No dudes en ponerte en contacto conmigo. @DanielTejedor [Twitter]; DanielTejedorPardo [WordPress]

El tiempo que los físicos no pueden medir

Imagen

La desintegración de la persistencia del tiempo – Salvador Dalí

Todos escuchamos de forma cotidiana, frases como “Se me ha pasado el tiempo volando” o “Los minutos me parecieron horas” por lo que intuimos, que el transcurso del tiempo es algo subjetivo y variable. Este tipo de fenómenos, siempre me han llamado la atención, y voy a dedicar esta entrada a contestar a preguntas tales como: ¿Por qué suceden?, ¿De qué dependen?, ¿Tienen alguna finalidad para la supervivencia?

Primero debemos contestar a una pregunta más simple: ¿Qué es el tiempo? 

Pues bien San Agustín de Hipona contestaba a esta pregunta de la siguiente forma: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.” Es decir, la dificultad de esta pregunta es colosal, y dependerá seguramente, del enfoque que se le dé (físico, psicológico, antropológico…). De todos modos, lo que sí podemos hacer, es clasificar los tipos de tiempo que vamos a tratar a continuación:

  • Tiempo social: Equivalente al tiempo del reloj, o al de un calendario.
  • Tiempo biológico: El de los ciclos fisiológicos (sean circadianos, ultradiano, infradiano)
  • Tiempo interno: Que incluye los mecanismos mentales que utilizamos para cuantificar el tiempo de uno o varios acontecimientos. (Este no debe confundirse con los procesos de memoria, como el de recordar cuanto tiempo duró un acontecimiento).

Entrando ya en materia, e intentando sintetizar la información, se han hecho numerosos estudios sobre la percepción del tiempo, y se puede considerar al médico inglés Hudson Hoagland como la primera persona que investigó estos procesos, el cual, “utilizó” en nombre de la ciencia, a su mujer, que padecía de fuertes subidas de temperatura corporal a causa de una gripe. Hoagland comenzó a medir la temperatura de su esposa, y lo comparaba con los resultados que esta obtenía en pruebas en las que debía hacer evaluaciones del tiempo. De este modo, se observó, como numerosos estudios corroboraron posteriormente, que cuando la temperatura del sujeto aumenta, también lo hace la estimación del tiempo, es decir, se piensa que ha pasado más tiempo del que objetivamente ha pasado.

Actualmente, existen tres experimentos típicos, para estudiar la percepción del tiempo en contextos de laboratorio:

  1. Experimentos de producción: El sujeto debe producir un sonido, pulsando un botón, que tenga una duración que previamente se le ha pedido.
  2. Experimentos de reproducción: Donde se debe repetir la duración de un sonido que acaba de escuchar.
  3. Experimentos de discriminación: En los que la persona ha de señalar, cuál de los dos estímulos (visuales, auditivos…) es el más largo.

 Los resultados obtenidos en el contexto de laboratorio, han sido claros: El ser humano tiene una alta capacidad para percibir la duración de los estímulos, pero a medida que aumenta la duración de estos, se hace más difícil y empiezan a ser necesarias, técnicas que se pueden perfeccionar, como contar mentalmente los segundos.

¿Qué parte del cerebro se encarga de contar y percibir el tiempo?

Hasta la fecha, todas las investigaciones indican que no hay una zona específica para percibir el tiempo, al contrario que sucede con otros sentidos como el de la vista u olfato que si cuentan con zonas bastante acotadas; aunque sí se piensa que la corteza prefrontal y el cuerpo estriado juegan un papel importante. Pero, como se está empezando a sospechar:

“Los investigadores, no obstante, han supuesto que el cerebro humano está dotado de un sistema que funciona como un reloj interno, el cual, consta de una base de tiempo que emite impulsos de forma regular, los tictacs de nuestro reloj interno. Al evaluar una duración, el cerebro cuenta el número de impulsos acumulados durante el paso del tiempo, cuanto mayor es el número de impulsos, más largo se juzga el periodo que transcurre.” – Cerebro y Mente, nº 51

Por otro lado, los resultados de los experimentos realizados con animales, han demostrado que estos, también son capaces de calcular el paso del tiempo: A un animal se le enseña que, accionando una palanca, se le entrega un trozo de carne, pero esto solo puede suceder cada X tiempo. Si el animal acciona la palanca, sin que haya transcurrido el tiempo estipulado, no se le entregará el trozo de comida. Después de pocos ensayos, el animal aprende a esperar a que pase el tiempo, pronosticando muy fielmente, cuando ha pasado el tiempo para poder obtener de nuevo la comida.

Hasta ahora todo claro, pero… ¿Qué pasa cuando estudiamos todo esto, en ambientes que no son neutros?

¿Cómo interfieren las emociones en la percepción del tiempo?

Para poder contestar a esta última pregunta, y entender cómo influye cualquier tipo de emoción, en la percepción del tiempo, debemos tener claro que las emociones, pueden aumentar o disminuir la cantidad de “tictacs” (oscilaciones corticales) de nuestro cerebro. Esto significa que nuestro reloj interno va más rápido, y por consiguiente, percibimos el mundo externo como más lento. Ahora explicaré las consecuencias de este proceso con ejemplos claros, para hacerlo más sencillo:

  • Una persona, que está en viviendo una situación de miedo o pánico, tendrá un reloj interno muy activado, por lo que percibirá el tiempo social (u objetivo) como que transcurre más despacio. O lo que es lo mismo, pensará que “los minutos son eternos”. Por ejemplo, si a un aracnofóbico, se le deja en una habitación con arañas, sobrestimará el tiempo que ha permanecido dentro de dicha habitación.
  • Cuando otra persona necesita ayuda o está triste, nuestro reloj interno también se acelera, permitiéndonos así, reaccionar con más velocidad para socorrerla.
  • Las emociones positivas como alegría y felicidad, también producen una sobrestimación del tiempo objetivo, pero en menor medida que las emociones negativas.
  • Un individuo que padezca por ejemplo una depresión, tendrá un reloj interno ralentizado, de este modo, percibirá el tiempo objetivo como que transcurre con más velocidad y esto, puede además aumentar la sensación de que no se tiene control sobre la situación y contribuir al mantenimiento de la depresión1.

Cabe añadir en este punto, que la capacidad empática de una persona, le permite sincronizar su reloj interno con el de otros. De aquí se deduce, que las personas más empáticas son más susceptibles a cambios en el reloj interno ante estímulos externos, como expresión faciales de agresividad o enfado. Esto se ha investigado por ejemplo, con jóvenes que han permanecido mucho tiempo con personas mayores, los cuales, acaban por disminuir notablemente su reloj interno, para acabar igualándolo a la de la persona mayor.

Finalmente, ¿Cómo se explica todo esto a nivel evolutivo? ¿Tiene alguna función?

Agruparé las funciones de estos procesos, en dos clases:

  1. Función de empatía: El hecho de que seamos capaces de adaptar nuestro reloj interno a las personas que nos rodean, es un claro ejemplo de nuestra capacidad innata 2  para ayudar, socorrer y aproximarnos a los demás, permitiendo así, una mayor supervivencia de la especie.
  2.  Función adaptativa individual: Al percibir emociones negativas en otras personas (como la ira) nuestro reloj interno se acelera, y esto nos permite pensar y actuar más rápido, ya que percibimos el mundo exterior, a cámara lenta. Esto es sin duda, una gran ventaja a la hora de sobrevivir en situaciones difíciles. Son numerosos los casos de personas que explican, cómo ante una situación límite, su percepción se agudizó, el tiempo se ralentizó y esto les ayudó a sobrevivir.

Más adelante, escribiré una entrada, dedicada a explicar más profundamente las bases neurológicas y cómo es la percepción del tiempo en pacientes con trastornos mentales.

La mejor forma de hacer que el tiempo pase rápido, es olvidarlo. Y él se olvidará de ti.

Notas del autor:

Espero en un futuro, hacer un artículo más extenso sobre las características cognitivas de los pacientes con depresión, y cómo esto retroalimenta la enfermedad.

Uso este término y no otro, siendo consciente de todo lo que ello conlleva.

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo no dudes en ponerte en contacto conmigo. @DanielTejedor [Twitter]; DanielTejedorPardo [WordPress]