¿Se Puede Rehumanizar a un Terrosista? | Terrorismo Cap. III

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Esta es con diferencia, una de las grandes preguntas, no solo a nivel de terrorismo, sino a nivel humano. ¿Puede alguien cambiar? La respuesta inmediata es obvia. El ser humano cambia a lo largo de su vida, incluso puede hacerlo sustancialmente de un día para otro si acontecimientos extremos tienen lugar. Al fin y al cabo, esto es lo que pretenden las terapias psicológicas, cambiar los pensamientos, emociones, conductas e incluso, cambiando el mismo cerebro del sujeto en la dirección que mejore su salud mental. 

[Para ver cómo se modifica el cerebro con distintos tipos de terapia recomendamos este artículo sobre terapia psicoanalítica y este otro con meditación.]

Pero todos estos patrones del individuo pueden ser vistos metafóricamente como una droga; lo difícil no es dejarla, sino evitar recaer.

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¿Qué es? ¿De qué es capaz? | La Psicología Positiva

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¿Qué es la Psicología Positiva?

Como no podía ser de otra forma, no se puede exponer un artículo sobre algunos resultados obtenidos por parte de la Psicología Positiva, si no se sabe qué es la Psicología Positiva.

Dada la dificultad para definir esta corriente de la Psicología (como ocurre con todas), vamos a conceptualizarla centrándonos más en sus objetivos, lo cual puede ayudar:

“La psicología positiva propone un cambio de visión frente a las enfermedades, buscando la felicidad e incrementando las emociones positivas. De esta manera, se busca educar al paciente con el objetivo de hacer este cambio permanente, transformando el estilo cognitivo de las personas y de este modo, disminuir las probabilidades de recaídas, las cuales son frecuentes en este trastorno” (Vera, 2006).

Justamente, esto que se acaba de comentar es uno de los puntos fuertes y más distinguibles de la Psicología Positiva: centrarse en las cualidades positivas de las personas y pacientes dejando a un lado la clásica visión psicopatológica de la Psicología, cuyo eje de acción se basa en el estudio y el tratamiento de las cualidades negativas.

Recta Psicología Positiva

Descripción ilustrativa de la situación de la que parte la Psicología Positiva.

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¿Influye el Bótox en la Felicidad?

Portada Bótox - PsicoWisdom

El Bótox, es un tipo de modificación corporal muy extendido entre las sociedades desarrolladas, ya que permite mediante un sencillo proceso (inyección con jeringuilla a nivel intramuscular), paralizar los músculos (normalmente faciales), evitando así, la aparición de arrugas. También se puede usar para otros menesteres, como su inyección en axilas para evitar una excesiva sudoración.

En este artículo, nos centraremos en analizar cómo afecta el uso de esta sustancia a la felicidad del usuario, además de a la expresión de las emociones y su regulación en general. Para acabar, también hablaremos de cómo puede afectar el reprimir las emociones.

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Envidia: Las dos caras de la moneda

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La envidia constituye una emoción natural, que todos sin excepción experimentamos, pero  ¿A todos nos afecta igual?, ¿Cómo influye el alcohol o la fatiga mental en ella?, ¿Aporta algún beneficio?  A continuación, contestaré a estas y otras preguntas en relación con la envidia, para entender un poco más, esta emoción tan poco aceptada socialmente, pero inevitable.

La envidia está considerada según la religión cristiana como uno de los 7 pecados capitales, especialmente porque esta religión considera que dicha emoción puede generar otros pecados:

“Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa”. Santiago 3:16-17

También en otras religiones como en la Islámica, aparece reflejada la envidia, de forma similar:

“Por cierto que la envidia devora las buenas acciones como el fuego consume la leña.” – Mensajero de Al-lah, Sallallahu ‘Alayhi Wa Sallam.

Los dos tipos de envidia

Según las investigaciones realizadas por Niels van de Ven y sus colaboradores, de la Universidad de Tilburg, concluyeron al observar los resultados de sus experimentos, que la envidia aparecía de forma constante en todos los sujetos experimentales. Pero se podían diferenciar dos grupos.

  • Los que sentían “envidia maliciosa”: Se caracterizaban por sentir especialmente celos y tener propósitos destructivos (deseaban que la persona envidiada fracasase).
  • Los que sentían “envidia sana”: Lo cuales, también tenían sentimientos negativos, pero con una predominancia de simpatía y admiración hacia la persona envidiada.

Resultados de las últimas investigaciones en Psicología

Pero, los hallazgos más importantes, son los que encontrados en el 2011, por los mismos investigadores, que confirmaban (como mucha gente ya podía intuir), que la envidia sana estimula el rendimiento.

Esto se demostró mediante una serie de experimentos con la siguiente estructura: Se muestra a un grupo de sujetos, un futuro “contrincante” universitario, el cual, había obtenido unos resultados académicos excelentes. Después de evaluar el tipo de envidia que sentían los sujetos hacia el contrincante. Debían realizar una tarea (que aparentemente no tenía nada que ver), que requería una gran capacidad mental.

Los resultados obtenidos fueron los esperados. El grupo de envidiosos sanos se esforzó más que el de  envidiosos maliciosos. Incluso, puntuaron mejor que los que simplemente sentían admiración por el sujeto exitoso (sin, por tanto, el componente de envidia).  

Otro experimento que realizó este mismo equipo fue el siguiente: Se dividían los participantes en dos supuestos grupos aleatorios, los cuales, iban a degustar unos alimentos. A un grupo se le daba un jugo vegetal (alimento poco valorado), mientras que al segundo grupo, compuesto por actores que conocen el experimento, le había tocado degustar un zumo de chucrut (alimento muy valorado). Después de la degustación, el grupo al que le había tocado degustar el jugo vegetal, debía realizar una tarea de velocidad perceptiva por ordenador. En la pantalla aparece una imagen cada vez, (o la del jugo vegetal, o la del zumo de chucrut), y el sujeto debe decir, en qué parte de la pantalla está mediante un mando-palanca,  arriba o abajo.

No era la primera vez que se hacía este experimento, y los resultados que se obtienen son que los sujetos reaccionan unas fracciones de segundo de media antes, cuando el objeto que aparece en pantalla, es el objeto envidiado.            

Autocontrol y Envidia

Otras investigaciones han estudiado primeramente, cómo el autocontrol depende del nivel de fatiga. Y es que, estas han demostrado por ejemplo: Si en una fiesta, uno de los invitados está intentando disimular su mal humor que le ha ido acompañando todo el día (por lo que está muy fatigado), ya no le resultará tan sencillo retirarse y evitar tomar bombones, caramelos y otros alimentos, que en situaciones de no-fatiga, sería capaz de evitar. Además, también se han realizado estudios con otras variables que afectan al autocontrol obteniendo resultados tales como:

  1. Tener la mente despejada y en plena forma aumenta el autocontrol (no sería producente aquí, que la persona tenga problemas económicos, emocionales…).
  2. Bajos niveles de azúcar en sangre disminuye el autocontrol.
  3. A más nivel de alcohol en sangre, el nivel de autocontrol disminuye.

Lo más importante, y retomando el tema de la envida, es tener en cuenta que el autocontrol es el encargado de manifestar la envidia y, después de todo, acabar comportándose de forma envidiosa. De aquí la relevancia de conocer qué factores afectan al autocontrol.

¿Para qué sirve la envidia?

No solo los seres humanos sentimos envidia, también en el reino animal, aparece esta emoción. Ya Frans de Waal describió cómo los monos capuchinos se negaban a colaborar en un juego si lo único que recibían a cambio era un pepino mientras que sus compañeros recibían uvas dulces.

La envidia tiene una fuerte función evolutiva, permitiendo que la atención del que la padece se focalice en las desventajas que tiene con respecto al resto de individuos de su especie y pueda,  así, hacer frente a esta carencia. Es, por tanto, un mecanismo para mejorar la situación de uno mismo.

Afortunadamente, la creación de una sociedad tan compleja como en la que vive el ser humano, ha propiciado la aparición de una serie de reglas morales que permiten y hacen más fácil la convivencia. Una de estas reglas morales, hace referencia a la expresión de la envidia, la cual, está muy mal vista por la sociedad, a pesar de que todos la sintamos. La diferencia entonces será, qué tipo de envidia de las dos que hemos visto sientes, y tu capacidad de autocontrol.  

El efecto de las Uvas Amargas

Este efecto, es extremadamente común, pero muy pocos serán conscientes o capaces de admitir que lo sienten. El efecto de las Uvas Amargas nace como mecanismo para dominar mejor las emociones negativas de uno mismo, que surgen cuando tenemos envidia de alguien por algún motivo. De este modo, el envidioso pasa a odiar el objeto envidiado, con el fin de dominar mejor sus emociones negativas.

Envidia y Neurología

El Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas en Inage-Ku (Japón) ha realizado una importante investigación utilizando las imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) y comparando qué zonas del cerebro procesan el dolor físico y la envidia. Los estudios de este trabajo se publicaron en la revista Science, donde se expone que  la corteza cingulada anterior dorsal se activa ante la emoción de envidia, al igual que con el dolor físico.

Además, cuando los sujetos sentían regocijo por el mal de otros, se activaba el cuerpo estriado ventral (encargado de procesar las señales de recompensa) de forma más fuerte cuando sentían envidia de ellos. Es decir, esta zona se activa más intensamente, cuando tenemos envidia de la persona que lo está pasando mal. Intentar interpretar estos resultados es complicado, pero no por ello menos interesante. Al fin y al cabo, las personas más envidiosas tienden a ser más insaciables, a no estar contentas con lo que tienen y por tanto, a ser más infelices. ¿Acaso no es la infelicidad un tipo de dolor?

“Napoleón envidiaba a César, César envidiaba a Alejandro y Alejandro, me atrevería a decir, envidiaba a Hércules, que nunca existió.” – Bertrand Russell

Notas del autor:

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo? No dudes en ponerte en contacto conmigo. @DanielTejedor [Twitter]; DanielTejedorPardo [WordPress]

El tiempo que los físicos no pueden medir

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La desintegración de la persistencia del tiempo – Salvador Dalí

Todos escuchamos de forma cotidiana, frases como “Se me ha pasado el tiempo volando” o “Los minutos me parecieron horas” por lo que intuimos, que el transcurso del tiempo es algo subjetivo y variable. Este tipo de fenómenos, siempre me han llamado la atención, y voy a dedicar esta entrada a contestar a preguntas tales como: ¿Por qué suceden?, ¿De qué dependen?, ¿Tienen alguna finalidad para la supervivencia?

Primero debemos contestar a una pregunta más simple: ¿Qué es el tiempo? 

Pues bien San Agustín de Hipona contestaba a esta pregunta de la siguiente forma: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.” Es decir, la dificultad de esta pregunta es colosal, y dependerá seguramente, del enfoque que se le dé (físico, psicológico, antropológico…). De todos modos, lo que sí podemos hacer, es clasificar los tipos de tiempo que vamos a tratar a continuación:

  • Tiempo social: Equivalente al tiempo del reloj, o al de un calendario.
  • Tiempo biológico: El de los ciclos fisiológicos (sean circadianos, ultradiano, infradiano)
  • Tiempo interno: Que incluye los mecanismos mentales que utilizamos para cuantificar el tiempo de uno o varios acontecimientos. (Este no debe confundirse con los procesos de memoria, como el de recordar cuanto tiempo duró un acontecimiento).

Entrando ya en materia, e intentando sintetizar la información, se han hecho numerosos estudios sobre la percepción del tiempo, y se puede considerar al médico inglés Hudson Hoagland como la primera persona que investigó estos procesos, el cual, “utilizó” en nombre de la ciencia, a su mujer, que padecía de fuertes subidas de temperatura corporal a causa de una gripe. Hoagland comenzó a medir la temperatura de su esposa, y lo comparaba con los resultados que esta obtenía en pruebas en las que debía hacer evaluaciones del tiempo. De este modo, se observó, como numerosos estudios corroboraron posteriormente, que cuando la temperatura del sujeto aumenta, también lo hace la estimación del tiempo, es decir, se piensa que ha pasado más tiempo del que objetivamente ha pasado.

Actualmente, existen tres experimentos típicos, para estudiar la percepción del tiempo en contextos de laboratorio:

  1. Experimentos de producción: El sujeto debe producir un sonido, pulsando un botón, que tenga una duración que previamente se le ha pedido.
  2. Experimentos de reproducción: Donde se debe repetir la duración de un sonido que acaba de escuchar.
  3. Experimentos de discriminación: En los que la persona ha de señalar, cuál de los dos estímulos (visuales, auditivos…) es el más largo.

 Los resultados obtenidos en el contexto de laboratorio, han sido claros: El ser humano tiene una alta capacidad para percibir la duración de los estímulos, pero a medida que aumenta la duración de estos, se hace más difícil y empiezan a ser necesarias, técnicas que se pueden perfeccionar, como contar mentalmente los segundos.

¿Qué parte del cerebro se encarga de contar y percibir el tiempo?

Hasta la fecha, todas las investigaciones indican que no hay una zona específica para percibir el tiempo, al contrario que sucede con otros sentidos como el de la vista u olfato que si cuentan con zonas bastante acotadas; aunque sí se piensa que la corteza prefrontal y el cuerpo estriado juegan un papel importante. Pero, como se está empezando a sospechar:

“Los investigadores, no obstante, han supuesto que el cerebro humano está dotado de un sistema que funciona como un reloj interno, el cual, consta de una base de tiempo que emite impulsos de forma regular, los tictacs de nuestro reloj interno. Al evaluar una duración, el cerebro cuenta el número de impulsos acumulados durante el paso del tiempo, cuanto mayor es el número de impulsos, más largo se juzga el periodo que transcurre.” – Cerebro y Mente, nº 51

Por otro lado, los resultados de los experimentos realizados con animales, han demostrado que estos, también son capaces de calcular el paso del tiempo: A un animal se le enseña que, accionando una palanca, se le entrega un trozo de carne, pero esto solo puede suceder cada X tiempo. Si el animal acciona la palanca, sin que haya transcurrido el tiempo estipulado, no se le entregará el trozo de comida. Después de pocos ensayos, el animal aprende a esperar a que pase el tiempo, pronosticando muy fielmente, cuando ha pasado el tiempo para poder obtener de nuevo la comida.

Hasta ahora todo claro, pero… ¿Qué pasa cuando estudiamos todo esto, en ambientes que no son neutros?

¿Cómo interfieren las emociones en la percepción del tiempo?

Para poder contestar a esta última pregunta, y entender cómo influye cualquier tipo de emoción, en la percepción del tiempo, debemos tener claro que las emociones, pueden aumentar o disminuir la cantidad de “tictacs” (oscilaciones corticales) de nuestro cerebro. Esto significa que nuestro reloj interno va más rápido, y por consiguiente, percibimos el mundo externo como más lento. Ahora explicaré las consecuencias de este proceso con ejemplos claros, para hacerlo más sencillo:

  • Una persona, que está en viviendo una situación de miedo o pánico, tendrá un reloj interno muy activado, por lo que percibirá el tiempo social (u objetivo) como que transcurre más despacio. O lo que es lo mismo, pensará que “los minutos son eternos”. Por ejemplo, si a un aracnofóbico, se le deja en una habitación con arañas, sobrestimará el tiempo que ha permanecido dentro de dicha habitación.
  • Cuando otra persona necesita ayuda o está triste, nuestro reloj interno también se acelera, permitiéndonos así, reaccionar con más velocidad para socorrerla.
  • Las emociones positivas como alegría y felicidad, también producen una sobrestimación del tiempo objetivo, pero en menor medida que las emociones negativas.
  • Un individuo que padezca por ejemplo una depresión, tendrá un reloj interno ralentizado, de este modo, percibirá el tiempo objetivo como que transcurre con más velocidad y esto, puede además aumentar la sensación de que no se tiene control sobre la situación y contribuir al mantenimiento de la depresión1.

Cabe añadir en este punto, que la capacidad empática de una persona, le permite sincronizar su reloj interno con el de otros. De aquí se deduce, que las personas más empáticas son más susceptibles a cambios en el reloj interno ante estímulos externos, como expresión faciales de agresividad o enfado. Esto se ha investigado por ejemplo, con jóvenes que han permanecido mucho tiempo con personas mayores, los cuales, acaban por disminuir notablemente su reloj interno, para acabar igualándolo a la de la persona mayor.

Finalmente, ¿Cómo se explica todo esto a nivel evolutivo? ¿Tiene alguna función?

Agruparé las funciones de estos procesos, en dos clases:

  1. Función de empatía: El hecho de que seamos capaces de adaptar nuestro reloj interno a las personas que nos rodean, es un claro ejemplo de nuestra capacidad innata 2  para ayudar, socorrer y aproximarnos a los demás, permitiendo así, una mayor supervivencia de la especie.
  2.  Función adaptativa individual: Al percibir emociones negativas en otras personas (como la ira) nuestro reloj interno se acelera, y esto nos permite pensar y actuar más rápido, ya que percibimos el mundo exterior, a cámara lenta. Esto es sin duda, una gran ventaja a la hora de sobrevivir en situaciones difíciles. Son numerosos los casos de personas que explican, cómo ante una situación límite, su percepción se agudizó, el tiempo se ralentizó y esto les ayudó a sobrevivir.

Más adelante, escribiré una entrada, dedicada a explicar más profundamente las bases neurológicas y cómo es la percepción del tiempo en pacientes con trastornos mentales.

La mejor forma de hacer que el tiempo pase rápido, es olvidarlo. Y él se olvidará de ti.

Notas del autor:

Espero en un futuro, hacer un artículo más extenso sobre las características cognitivas de los pacientes con depresión, y cómo esto retroalimenta la enfermedad.

Uso este término y no otro, siendo consciente de todo lo que ello conlleva.

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo no dudes en ponerte en contacto conmigo. @DanielTejedor [Twitter]; DanielTejedorPardo [WordPress]