Guía sobre la Depresión Infantil: Riesgos, Consecuencias, Indicadores y Otras Variables Relacionadas

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Cuando la psicología era (aún más) una ciencia joven, las escuelas conformadas por psicólogos conductistas y psicoanalistas defendían que los niños no podían desarrollar una depresión. 

Los primeros alegaban que la depresión, al ser una perturbación de tipo interiorizante cuyo acceso a la observación no era posible, no era de interés clínico. Los psicoanalistas, por su lado, argumentaban que  el niño, por falta de madurez y capacidad para reflexionar sobre su descontento frente a su propio yo, no podían experimentar este trastorno

Paradójicamante, fueron dos investigadores psicoanalistas los que apartándose de la ortodoxia comenzaron a estudiar y mostrar resultados que contradecían estas creencias. Ellos son René Spitz y John Bowlby. A consecuencia de estos estudios Spitz llamó a este tipo de depresión, depresión anaclítica; y Bowlby comenzó sus famosos estudios sobre el vínculo entre el niño y la madre, y las repercusiones que tiene su ausencia o la aparición de una dinámica disfuncional en el niño. 

El Factor Más Importante:

En el siguiente artículo se analizan un gran número de variables relacionadas tanto como causas de la depresión, como consecuencias; así como otras variables que correlacionan con esta, sin necesidad de una causalidad o direccionalidad determinada.

Por encima de todo esto, se ha encontrado un factor que predice la depresión infantil con más precisión que todos los demás, este es la depresión parental.

Este factor es además consistente en todo tipo de culturas, estimándose que entre el 40 y el 60 por ciento de los niños deprimidos tienen una madre depresiva (del Barrio y Carrasco, 2013). Y por si fuera poco, se ha comprobado también que al remitir la depresión materna, la sintomatología en los niños disminuye drásticamente (Weissman, Wickramarate, Pilowsky et al., 2014). 

El  Sexo:

Hace ya 50 años el investigador Peterson subrayó que tanto la depresión como otros trastornos interiorizantes eran más frecuentas en niños antes de la pubertad, y que, pasada esta, eran las niñas las que alcanzaban cifras más altas. Los estudios posteriores hasta la fecha, confirman las obsevaciones de este investigador (Stark, Banneyer, Wang y Arora, 2012). 

La Edad:

Por debajo de los 12 años, la incidencia es muy baja y sin diferencias significativas entre varones y mujeres. Obviamente, los datos pueden variar dependiendo de muchos factores, entre otros, el país de donde se extraiga la muestra. Por poner un ejemplo, en la siguiente tabla se recopilan una serie de estudios con muestras de distintas edades y lugares de España

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Porcentaje de niños con depresión según la edad y el lugar de residencia. Extraído de González y Montoya-Castilla, Psicología clínica infanto-juvenil.

Tipos de Síntomas:

Los niños pequeños hasta los 6 años muestran más síntomas de tipo exteriorizado, como protestas, malestar y somatizaciones. Posteriormente aparecen los problemas de conducta. Cuando se llega a la adolescencia surge un cambio radical y los síntomas que comienzan a aparecer y a tomar el relevo de los anteriores son la anhedonia, trastornos de peso y apetito, la indecisión y los pensamientos suicidas.

Tasas de Suicidio:

En relación con lo último mencionado, encontramos que el riesgo de suicidio asociado al trastorno depresivo en población infantil es de 9 veces más alto. El suicidio ha ido escalando puestos hasta situarse hoy en día en la primera causa de muerte entre los adolescentes y en la sexta entre los niños y niñas de 5 a 14 años (de la Torre, Cubillas Román y Abril, 2009).

[Para saber más sobre el suicido, estadísticas y otros factores relacionados se recomienda este artículo].

Desencadenantes según la Edad:

En cuanto a los desencadenantes que pueden hacer aparecer este trastorno, encontramos diferencias de nuevo dependiendo de la edad:

Cuando el infante tiene de 0 a 6 años, como cabría esperar, los desencadenantes principales se encuentran dentro del seno familiar. La relación con los padres y hermanos en especial, siendo el buen funcionamiento del apego y el apoyo familiar los mejores “antidepresivos”. Hay además que evitar las comparaciones con hermanos u otros familiares y las exigencias poco realistas que no estén acordes a los gustos y capacidades del niño.   

Una vez llegados a los 6 años, aparecen dos nuevos factores de riesgo: la escuela y los amigos. En ambos casos, los problemas aparecen cuando hay problemas de integración y adaptación en los nuevos grupos sociales. Aunque resulte obvio, hay que recordar que si un niño no tiene o tiene muy pocos amigos, es un claro síntoma de alarma.

Finalmente en la adolescencia la depresión se relaciona, como no podría ser de otra forma, con la aceptación que se percibe, tanto como persona, como de su propio cuerpo; con los reveses amorosos y la búsqueda del propio camino en la vida.

Repercusiones neurofisiológicas:

Mediante técnicas de neuroimagen se han podido comprobar diferencias en la estructura del cerebro en los niños con depresión. Por ejemplo: reducción del tamaño del hipocampo, la amígdala, y aumento del tamaño del lóbulo frontal y del núcleo ventral lateral (del tálamo) (Whittle, Lichter, Dnnison et al., 2014).

Carga genética:

En los años noventa, los investigadores Tusuang y Faraone concluyeron que los gemelos criados conjuntamente presentaban depresión en el 75% de los casos; pero cuando los gemelos eran criados en familias distintas, el porcentaje bajaba al 67%. Esto denotaba ya una carga genética significativa.

Posteriormente, diversas investigaciones, como por ejemplo la llevada a cabo por Scourfield, Rice, Thapar, Harold, Martin y McGuffin (2003), han conseguido cuantificar el peso genético de este trastorno tan temprano, situándolo cerca del 40%¹. Además, este valor aumenta conforme aumenta la edad, sobre todo en el caso de las mujeres.

Rasgos de Personalidad:

Rasgos de personalidad como la inestabilidad emocional y la introversión son los mejores predictores de la depresión infantil. Junto con estos, se sabe que los factores de personalidad de los padres (concretamente neuroticismo e introversión) correlacionan con los de los hijos, tanto por tener una carga genética, como adquirida (del Barrio y Carrasco, 2013).

Una autoestima baja es como cabría esperar, otro de los indicadores más robustos. En un gran número de ocasiones además, se ve construida a causa de las críticas que reciben los niños por parte de las familias y otras figuras cercanas.

La empatía se relaciona positivamente con la depresión. En concreto, la empatia emocional (diferenciándola así de la intelectual). Esto se debe a que los sujetos más empáticos perciben más el sufrimiento tanto propio como el ajeno, por lo que pueden volverse vulnerables con mayor facilidad (del Barrio, Holgado y Carrasco, 2012).

Patrones Cognitivos:

Las últimas investigaciones remarcan cada vez más el papel de la rumiación como factor estrechamente ligado a la depresión, especialmente en adolescentes (Stange, Hamilton, Abramson y Alloy, 2014). 

El estilo atributivo en el depresivo adolescente se caracteriza por tener matices hostiles, cargados de distorsiones cognitivas como: catastrofismos y generalizaciones (del Barrio y Carrasco, 2013).

Riesgos en el Apego

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Aunque a algunas personas les pueda parecer difícil de imaginar, bajo distintas circunstancias, es posible que una madre no sienta apego por su bebé.

El apego puede desarrollarse de manera disfuncional, tanto por culpa de la figura de apego principal (normalmente la madre), como por fallos originados en el niño:

El niño: Puede presentar desde el nacimiento problemas de expresividad, rechazo de contacto, lloros y actividad excesiva. Todos estos factores pueden acarrear problemas posteriores en la formación del apego.

La madre: Puede sentir rechazo hacia el niño, alteraciones emocionales graves, dificultad para sentir cercanía, ya sea por enfermedades, consumo de drogas o negligencia. 

En definitiva, el apego inseguro ha sido demostrado como uno de los factores más importantes para predecir la depresión infantil a lo largo del tiempo, como señalaron los ya mencionados psicoanalistas Spitz y Bowlby (Start, Hamen, Brennan y Najman, 2013).

Por otro lado, el nacimiento de un hermano también se ha relacionado con la depresión infantil (del Barrio y Carrasco, 2013).

La Escuela y los Profesores:

profesor-alumno

La situación emocional del profesor repercute en la de sus alumnos. Pero esta relación también se da a la inversa.

En la infancia, la variedad de entornos sociales no suele ser muy amplia, ya que suelen ser 3: Familia, Escuela y Amigos. Hemos hablado de la familia como entorno vincular y los amigos como entorno de aceptación (principalmente). En este sentido, la escuela se podría comparar a los amigos, con la diferencia de la presencia de los profesores.

Aunque se tiende a subestimar su importancia para el desarrollo emocional del niño, en diversas investigaciones se está poniendo de relieve que existe un paralelismo entre la depresión del profesor con la del estado emocional de los alumnos (Jeon, Buttner y Snyder, 2014). 

Si tenemos en cuenta que el profesorado es en muchos países un colectivo infravalorado con tendencias a padecer depresión y altas tasas de suicidio, es probable que a más de uno le de en qué pensar. 

En el caso de los profesores hostiles o con patrones desafectivos, se ha visto que incrementan la posibilidad de una depresión en el niño (Wang, 2013).

Clase Social 

Las investigaciones que intentan relacionar la clase social con la depresión infantil no se han mostrado consistentes entre sí. En población española, por ejemplo, no se han encontrado diferencias con niños de menos de 12 años

La investigadora Kim (2014) ha matizado que la relación aparece en exclusiva cuando la clase social baja es emergente, ya que esto afecta emocionalmente a los integrantes de la familia por la presión que genera. En cambio, en clases sociales bajas estables, no aparece dicha relación.

 

Notas del Autor:

¹ Investigaciones complementarias parecen apuntar a que estos resultados se explican como consecuencia de los alelos relacionados con la serotonina, el A2, gen receptor (HTR2A) y el alelo corto del gen 5-HTTLPR, que parece responsable del transporte de esta y que presenta una activación inusualmente alta ante los acontecimientos estresantes.

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Igualmente, si te gustaría publicar algún artículo sobre psicología en PsicoWisdom con tu propio nombre, solo tienes que escribirme. 

 

Bibliografía:

Del Barrio, V. y Carrasco, M. A. (2013). Depresión en niños y adolescentes. Madrid: Síntesis

Del Barrio, V., Holgado, P. y Carrasco, M. A. (2012). Dimensionalidad de la empatía y su relación con la depresión, agresión y conducta prosocial. Revista de Psicología y Educación, 7, 31-47.

De la Torre, I. M., Cubillas Rodríguez, M. J., Román Pérez, R., & Valdez, E. A. (2009). Ideación suicida en población escolarizada infantil: Factores psicológicos asociados. Salud Mental, 32(6), 495-502.

González, R. y Montoya-Castilla, I. Psicología clínica infanto-juvenil. Pág.: 70-72. Edit. Pirámide. 2015.

Kim, J. (2012). Patterns of parent-child relationship quality, parent depression and adolescent development outcomes. Dissertation Abstract International Section B. The Sciences and Engineering, 73, 878.

Laplanche, Jean & Pontalis, Jean-Bertrand (1996). Diccionario de Psicoanálisis. traducción Fernando Gimeno Cervantes. Barcelona: Editorial Paidós.

Stange, J. P., Halminton, l. L., Abramson, L. Y. y Alloy, L. B. (2014). A vulnerability-stress examination of sex differences, and symtom specificity. Journal of Clinical Child and Adolescent Psychology, 43, 813-827.

Stark, K. D., Banneyer, K. N., Wang, L. A. y Arora, P. (2012). Child and adolescent depression in the family. Couple and Family Psychology, 1, 161-184.

Start, l. R., Hamen, C., Brennan, P. A. y Najman, J. M. (2013). Relation security modesrates the effect of serotonin transporter gene polymorphism among adolescents. Journal of Abnormal Child Psychology, 41, 379-388.

Weissman M. M., Wickramarate, P.,  Pilowsky, D. J., et al. (2014). The effects on children of depressed mothers remission and relapse over 9 month. Psychological Medicine, 44, 2811-2824.

Whittle S, Lichter R, Dennison M, Vijayakumar N, Schwartz O, Byrne ML, et al. (2014). Structural Brain Development and Depression Onset During Adolescence: A Prospective Longitudinal Study. Am J Psychiatry.

Wang, M. (2013). Moderating effects of theacher-student relationship in adolescents trajectories of emotional ad behavioral adjustemnet. Developmental Psychology, 49, 690-705.

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