Cuando te mientes a ti mismo | El Autoengaño

León y Gato - PsicoWisdom

El autoengaño es algo que practicamos todos los seres humanos. Ya sea de forma negativa (subestimándonos) o positiva (sobreestimándonos). A lo largo de este artículo nos vamos a centrar especialmente en el autoengaño positivo, contestando a preguntas tales como: ¿Cómo nació esta capacidad? ¿Cómo funciona? ¿Para qué sirve? ¿Cómo afecta al autoengaño el estar dentro de un grupo de personas?

 

Datos Interesantes a Tener en Cuenta

  • Según determinadas encuestas, el 94% de los profesores universitarios de EE.UU cree que desempeña un trabajo mejor que el resto de sus compañeros profesores.
  • En Suecia, el 77% de los estudiantes está convencido de que conduce de forma más segura que la media.
  • Las convicciones falsas pueden actuar como una especie de efecto placebo 1.
  • Tres de cada cuatro jugadores de ajedrez consideran que la lista de clasificación subestima su potencial como ajedrecista.

 

¿Cómo surgió el mecanismo psicológico del autoengaño?

Para entender de donde nace el autoengaño, primero hay que entender de donde sale el engaño. Para explicarlo, Robert Trivers, de la Universidad de Rutgers deja claro que el engaño es un fenómeno presente no solo entre los seres humanos, sino también en el reino animal. Desde las serpientes no-venenosas que imitan los colores de otras serpientes que sí lo son, para evitar ser atacadas por otros depredadores; hasta los primates que emplean señales de alarma para avisar a sus congéneres de que se aproximan depredadores (cuando en realidad no es así), y poder robar la comida mientras el resto huye de un depredador inexistente.

Si tenemos en cuenta, que la mejor manera de mentir es creyéndose uno mismo la mentira en sí, obtenemos que la mejor forma de mentir para los seres humanos es mediante el autoengaño. Se puede ilustrar de la siguiente forma:

Si mi intención es conquistar a esa mujer que tanto me gusta, una opción por la que puedo optar es por alguna mentira, diciéndole por ejemplo, lo atrevido y divertido que soy. Pero ella, que no es tonta, jamás se lo creerá si primero no me lo creo yo; porque de ser así, probablemente actúe como tal. (Este punto hace referencia al tercer guión del apartado anterior).

Recomiendo la lectura del artículo: “Mentiroso Patológico Psicoanalizado | Un Caso Real

 

El Autoengaño y la Imagen Personal

La memoria autobiográfica 2 (encargada de almacenar y traer a la consciencia información relacionada con los acontecimientos que vivimos en primera persona durante el día a día) comienza a desarrollarse en los niños sobre el tercer y el cuarto año de vida. Después de aquí, el niño ya puede empezar a diferenciar los deseos y convicciones de otras personas de las suyas propias, y así, formar una autoimagen compuesta por los deseos, metas, temores y capacidades de él mismo.

Esta autoimagen con sus distintos componentes influye consciente e inconscientemente sobre el niño (y posteriomente en el adulto) y las decisiones que este toma. Por supuesto, la autoimagen (con sus respectivos componenetes) puede verse alterada, y unos componentes se podrán alterar con mayor facilidad que otros. Por ejemplo:

Juan puede estar convencido de que es muy bueno en historia, y cuando suspenda achacará el mal resultado a que el examen era muy difícil o a que ha tenido un mal día. Esto ocurre porque el elemento (ser bueno en historia) es muy importante para él, y por tanto, más difícil de modificar.

Otro ejemplo bastante común, es el de la persona que está enamorada y no es capaz de ver que su pareja le está siendo infiel. Probablemente se deba a la alta idealización que se tiene de la pareja.

Dicha idealización, que es muy importante, se rompería de admitir que el otro está siendo infiel, por lo que se necesitarán evidencias mucho más fuertes para romper la falsa ilusión de fidelidad.

 

¿Cómo se forma el autoengaño?

Alfred R. Mele de la Universidad estatal de Florida en Tallahassee, propuso una explicación algo controvertida. Según este autor, el autoengaño surge como consecuencia de la distorsión de los procesos de atención. O lo que es lo mismo, las personas cuando se autoengañan, lo hacen porque están prestando atención de forma selectiva. Por ejemplo:

Yo creo que soy una buena persona, por lo que cada vez que realizo una buena acción (donar dinero a alguna ONG, o ayudar a un compañero de clase con algún trabajo) lo tengo muy presente, pero por el contrario, cada vez que realizo una mala acción (reirme de algún desfavorecido o provocar una disputa en una discoteca) sencillamente no le doy importancia y no la tengo en cuenta.

La explicación que da Mele, aunque correcta, es incompleta, porque desatiende otras variables que influyen en el autoengaño. De este modo, no tiene en cuenta por ejemplo, que durante el proceso de autoengaño, la persona tiende a experimentar cierta tensión.

En el ejemplo que he puesto de la persona que “no quiere ver” la infidelidad de su pareja, aunque no lo admita, es probable que sienta cierta tensión ante la posibilidad de estar equivocándose, a pesar de que su conclusión final sea, que su pareja “no le puede estar poniendo los cuernos”.

De aquí se podría intuir, que realmente, la persona que se está autoengañando, no es que no preste atención a todas las señales, sino que las valora de forma distinta (valorando normalmente con más importancia las que alimentan las creencias que están acorde con su autoimagen).

El Experimento

Con el fin de demostrarlo, el investigador Dirk Wentura y Werner Greve, de las universidades de Saarbrücken y Hildesheim respectivamente, seleccionaron a un grupo de participantes, los cuales, consideraban tener un nivel cultural por encima de la media, además para ellos, el saber histórico constituía una parte irrenunciable del mismo.

Este grupo, debía contestar a preguntas sobre historia, compitiendo así, contra otro grupo de supuestos estudiantes que en realidad eran cómplices de los investigadores. Dichos cómplices tenían preparadas las respuestas, para así poder superar siempre a sus adversarios.

Después de perder, los participantes tendían a mantener su opinión de que tenían más conocimientos sobre cultura que la media, aunque ahora, los relacionados con historia eran menos importantes y representativos para determinar el nivel cultural de una persona, según ellos.

 

¿Más Personas Más Autoengaño?

Los investigadores Christopher Chabris de la Universidad de Harvard y Daniel Simons de la Universidad de Illinois, se preguntaron si las personas al estar en grupos, presentan mayores niveles de autoengaño.

Para ello, dispuso una serie de preguntas que presentó , por un lado, a distintos grupos de personas, y por otro, a personas individuales.

Al calcular el índice de aciertos se comprobó que no había diferencias entre la media de aciertos de todos los grupos y el de todas las personas sueltas. Pero, cuando se preguntó cuán seguros estaban de haber contestado correctamente, las personas que habían participado en un grupo, afirmaban estar más convencidas de haber contestado correctamente, en comparación con las que habían contestado de forma individual.

O dicho con otras palabras, aunque estando en grupo hay las mismas posibilidades de contestar erróneamente que estando solo, cuando las personas forman parte de un grupo tienden a estar más convencidas de que han contestado correctamente.

 

Conclusión

El autoengaño es un fenómeno que sucede en todos los seres humanos en mayor o menor medida. Tiene sus ventajas, de ahí que haya perdurado con el transcurso de la evolución. Puede inducir a las personas a alcanzar metas relacionadas con su mejora física y psíquica, así como mantener una autoimagen positiva de ellas mismas, lo que favorece al bienestar psicológico individual. Pero, por supuesto, las ventajas solo aparecerán si el autoengaño se experimenta en su justa medida, evitando así una autoimagen desproporcionadamente positiva con respecto a la realidad.

 

” Cuando nos mienten los demás no deja de ser un mero accidente; el verdadero drama se desencadena cuando nos mentimos a nosotros mismos por comodidad” – Anónimo

 

Notas del Autor:

1 La definición que se suele dar es la de: “Sustancia que carece de acción curativa pero que produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es una medicina realmente eficaz”. Pero hay que tener en cuenta, que esta definición se queda corta, por no abarcar la posibilidad de que el efecto lo produzca un elemento que no sea una “sustancia” como tal. De hecho, terapias como la acupuntura basan gran parte de sus supuestos beneficios en este efecto.

2 La definición que doy de memoria autobiográfica es posiblemente incompleta, pero prefiero dejar claro para el lector medio a qué me refiero y evitar invertir una mayor extensión en la mera definición de un concepto que de manera rigurosa puede ser muy difícil de definir.

* ¿No estás de acuerdo con algo de lo expuesto? ¿Tienes dudas? ¿Quieres compartir algo? No dudes en ponerte en contacto conmigo:

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